segunda-feira, 25 de janeiro de 2016

Amor



"Aquella noche la profesora Isabel Aguilar estaba pensando en Amalfitano cuando éste la llamó por teléfono. Aunque aún era temprano, ya se había puesto el pijama, y tenía preparado un whisky con el que pensaba acompañar la lectura de una novela que hacía mucho deseaba leer. Vivía sola y en los últimos años incluso había encontrado una cierta felicidad en ello. No echaba en falta la vida en pareja. Los hombres de su vida habían sido pocos y casi todos un desastre. Isabel Aguilar había estado enamorada de un estudiante de Filosofía que terminó dedicándose a las ciencias ocultas, de un militante trotskista que también terminó dedicándose a las ciencias ocultas (y al body-building), de un camionero de Hermosillo que se burlaba de su afición a leer y que lo único que quería era dejarla embarazada (para después largarse, intuía ella), y de un mecánico de Santa Teresa cuyo horizonte intelectual eran los partidos de fútbol y las maratones alcohólicas los fines de semana, maratones a las que ella acabó por aficionarse. En realidad, el único amor de su vida era Óscar Amalfitano, que había sido su profesor de filosofía en la UNAM y con el cual nunca llegó a nada."

Roberto Bolaño (1953-2003). Los sinsabores del verdadero policía. Barcelona: Anagrama, 2011, p. 276

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